La celebración de los muertos una tradición viva

La celebración de los muertos una tradición viva

de Catalina Guadarrama - 28-10-15

Descripción

En México, las culturas indígenas concebían a la muerte como una dualidad : vida-muerte, así la muerte convivió en todas las manifestaciones de la cultura. Su símbolo aparecía en cualquier sitio, se le involucraba en todo momento y se representaba en una sola figura, esta convivencia constante hace que su celebración siga viva en el tiempo.

En la visión prehispánica, morir era el comienzo del viaje hacia el Mictlán, el reino de los muertos descarnados o el inframundo, también llamado Xiomoayan, término que los españoles entendieron como el infierno. Al llegar a su destino, el viajero ofrecía obsequios a los señores del Mictlán: Mictlantecuhtli (señor de los muertos) y su compañera Mictecacíhuatl (señora de los moradores del reino de los muertos). Estos lo enviaban a una de nueve regiones, donde el muerto permanecía un periodo de prueba de cuatro años antes de continuar su estancia en el Mictlán y llegar así al último piso, que era el lugar de su eterno reposo, denominado “obsidiana de los muertos”.

En la visión indígena la muerte no tenía una connotación moral religiosa, no existía la idea de paraíso o infierno; los antiguos mexicanos creían que el destino del alma del muerto lo determinaban las condiciones de su deceso: si la muerte fue en circunstancias relacionadas con el agua el alma se dirigía al Tlalocan, o reino de Tláloc; los muertos en la guerra, los prisioneros sacrificados y las mujeres muertas durante al parto llegaban al Omeyocan, paraíso del Sol, dominado por Huitzilopochtli, el dios de la guerra. El Mictlán estaba destinado a los que morían de muerte natural. Los niños muertos tenían su lugar especial llamado Chichihuacuauhco, donde se hallaba un árbol de cuyas ramas brotaba leche de donde podían alimentarse.

En actualidad, la muerte es un personaje omnipresente en las costumbres y en el arte mexicano con una variedad tan extensa de representaciones, como comunidades existen en el país, se le puede encontrar: como el tradicional esqueleto, el cráneo decorado, mejor conocido como “La Calaverita” hecha de azúcar, o la glamorosa Catrina, protagonista de cuentos y leyendas, personaje crítico de la sociedad, hasta invitada sonriente a nuestra mesa.

El 1° y 2 de Noviembre esta tradición cobra fuerza y la muerte se celebra en la mayoría de los hogares mexicanos con el tradicional altar de muertos.

La esencia más pura de la Celebración de Muertos se observa en las comunidades indígenas y rurales de todo México, donde se tiene la creencia que las ánimas de los difuntos regresan durante estos días para disfrutar los platillos y flores que sus familiares les ofrecen en la ofrenda.

El sincretismo entre las costumbres indígenas y españolas dio origen a la celebración de Día de Muertos. Esta celebración no tiene un carácter homogéneo, cada pueblo indígena o comunidad tienen diferentes significados y evocaciones, el respeto y a la muerte es la máxima festividad de su tipo en nuestro país, la celebración comienza con el tañido de las campanas de las iglesias y la práctica de ritos, como adornar las tumbas y hacer velaciones en los cementerios y la elaboración de los altares, los que tienen un gran significado para las familias porque se piensa que ayudan a conducir a las ánimas y a transitar por un buen camino después de la muerte. La Celebración de Día de Muertos una Tradición Viva.

Autor: Catalina Guadarrama Sosa
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